Apologia a la bestialidad y las bromas que ocultan la perversión

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Cada vez más vemos los contenidos que hacen apología a la homosexualidad como si fuera el nuevo galardón que merecen los “hombres”. Pero lo peor es cuando las perversas intenciones camufladas (ocultas, solapadas, bajo la alfombra) en supuesto humor negro cobran revuelo. 
 
Me refiero a personajes nefastos como Martin Cirio que fue investigado por “apología a la pedofilia”. Si bien su causa fue cerrada por la justicia, eso no impide que a día de hoy continúe haciendo esas “bromas” pasadas de gusto sobre los niños (aquí se jacta de ser pedófilo). 
 
Me refiero a esta clase de comentarios y fotografías (que serían considerado acoso cuando menos e impedirle brillar de nuevo en el mundo a la persona que lo hace) que hizo en su día aquel "docente" de apellido Cirio: 




Es evidente que este mundo permite que personajes como Martin Cirio existan: que se hundan en su propio fango y, a través de risitas y disculpas y algo de lloriqueo, vuelvan a resurgir apoyado por el populacho para hacer de las suyas. 

Esto es lo más trágico del asunto: que esta clase de apologías con intenciones macabras se naturalicen y no sea un obstáculo para brillar como famoso. E incluso conspire para obtener una fama inmerecida. Pero a esta altura, hablar del tema es algo que no causa interés alguno. Si abro este post es por otro motivo.

Encontré un libro que merece toda nuestra atención y habla de estos asuntos tejidos por los medios de comunicación y como todos somos cómplices. Lo dejo aquí para que los interesados lo cotejen, porque vale la pena tomar conciencia de que somos nosotros los que permitimos que esta clase de personajes cobren notoriedad y, al hacerlo, nos perjudiquemos nosotros mismos como especie. 

Si naturalizamos la perversión estamos en un problema gravísimo y no nos damos, o no queremos, darnos cuenta.

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